El Perú, aliado principal no miembro de la OTAN: Soberanía, Seguridad y Equilibrio Estratégico
16 Feb 2026 | 13:52 h
En un mundo atravesado por tensiones globales, por el incremento de la criminalidad transnacional y por nuevas amenazas cada vez más complejas, el desafío no es elegir bandos, sino defender con inteligencia y firmeza los propios intereses nacionales.
El Perú debe asumir este estatus desde una visión de cooperación responsable y respeto mutuo. Esta relación no responde a alineamientos ideológicos ni compromisos automáticos; es, en esencia, una evaluación pragmática del interés nacional orientada a fortalecer capacidades nacionales y a enfrentar amenazas comunes, bajo pleno respeto a la soberanía, al derecho internacional y a nuestras prioridades de desarrollo.
La designación del Perú como aliado principal no miembro de la OTAN no es un gesto protocolar o simbólico, sino responde una decisión estratégica que debe evaluarse desde un principio fundamental: la soberanía del Perú. Nuestro país actúa como un actor autónomo y pragmático en la geopolítica, lo que exige equilibrar los beneficios de esta cooperación con la defensa permanente de nuestra capacidad de decisión nacional.
En materia de autonomía, el Perú debe preservar su capacidad de autodeterminación. La cooperación internacional no puede, ni debe, convertirse en condicionamiento sobre nuestras decisiones soberanas. Los objetivos nacionales los define el Estado peruano con supervisión política y control democrático, y toda asistencia extranjera debe enmarcarse en nuestra Constitución y leyes.
Del mismo modo, debemos resguardar la autonomía de la política exterior del Perú que es precisamente la que permite cooperaciones más sólidas, transparentes y sostenibles en el tiempo. Por ello, es fundamental continuar con una política de diversificación de alianzas estratégicas, evitando el aislamiento, fortaleciendo nuestra presencia internacional sin comprometer el interés nacional. Asimismo, se impone una vigilancia técnica permanente para evitar la dependencia logística que, en el futuro, puedan afectar nuestra capacidad de defensa o desarrollo con equidad social.
Desde una visión pragmática, debemos entender que el estatus de MMNA no es un fin en sí mismo, sino un instrumento al servicio de la seguridad y el desarrollo. El empleo selectivo de la tecnología y la cooperación debe orientarse al fortalecimiento de la seguridad interna, combatir el crimen organizado y proteger el orden público.
Es fundamental precisar que esta relación busca la paz y el desarrollo, no involucrar al país en conflictos bélicos ajenos. Se debe promover la interoperabilidad sin integración plena, entendiendo que este estatus facilita el intercambio de conocimientos y capacidades avanzadas, pero no implica la incorporación del Perú a la estructura multilateral de la OTAN.
Finalmente, debemos recordar que la seguridad nacional no se construye únicamente con tecnología o equipamiento; se fundamenta en un liderazgo político fuerte, transparente y en instituciones sólidas sumado a un capital humano altamente capacitado.
El estatus de MMNA debe ser gestionado con vigilancia política constante, a fin de proyectar al Perú como un socio confiable, predecible y soberano, y consolidarlo como referente de estabilidad y autonomía tanto para la Región Andina como para el sistema internacional.
“Autonomía estratégica fortalece la cooperación, no la debilita”
Fernando Arce Alvarado
Parlamentario Andino
