El avance de la derecha en Latinoamérica: ¿Qué razones explican este fenómeno?
12 Jun 2026 | 15:52 h
En los últimos años, América Latina ha experimentado un avance significativo de fuerzas de derecha, centroderecha y liderazgos antisistema. Aunque este fenómeno suele atribuirse a crisis económicas o ciclos electorales, diversos académicos de centroizquierda como Alberto Vergara, Steven Levitsky, Moisés Naím y Yascha Mounk sostienen que también responde a errores acumulados por las propias izquierdas latinoamericanas.
Una de las principales explicaciones es el fracaso de las expectativas. Durante el auge de las materias primas entre 2003 y 2013, muchos gobiernos progresistas redujeron la pobreza, ampliaron programas sociales y mejoraron el consumo de millones de ciudadanos. Sin embargo, gran parte de esos avances dependió de ingresos extraordinarios provenientes de la exportación de recursos naturales. Cuando terminó ese ciclo favorable, los gobiernos tuvieron dificultades para mantener los mismos resultados. Como señala Alberto Vergara, muchas democracias latinoamericanas construyeron legitimidad sobre el crecimiento económico más que sobre instituciones sólidas. Cuando el crecimiento desapareció, también comenzó a deteriorarse la confianza ciudadana.
A ello se sumó la corrupción. La izquierda había construido buena parte de su legitimidad sobre la promesa de ser una alternativa ética frente a las élites tradicionales. Por eso, los escándalos vinculados a Odebrecht y otros casos golpearon especialmente su credibilidad. Steven Levitsky ha advertido que la corrupción persistente erosiona la confianza en los partidos tradicionales y abre espacio para líderes antisistema que prometen limpiar la política.
Otro problema ha sido la desconexión entre algunas élites progresistas y las preocupaciones cotidianas de la población. Yascha Mounk sostiene que parte de la izquierda contemporánea ha puesto demasiado énfasis en debates identitarios y culturales mientras muchos ciudadanos están más preocupados por empleo, inflación, servicios públicos, corrupción e inseguridad. No se trata de restar importancia a los derechos de minorías, sino de reconocer que amplios sectores populares priorizan cuestiones materiales y de seguridad.
Precisamente, la inseguridad se ha convertido en uno de los factores más importantes del ascenso de la derecha. El crecimiento del crimen organizado y la violencia en varios países ha generado una fuerte demanda social de orden. Muchos votantes perciben que las izquierdas han explicado las causas sociales del delito, pero no han ofrecido respuestas efectivas e inmediatas. La derecha ha sabido ocupar ese espacio con propuestas centradas en autoridad, control territorial y fortalecimiento del Estado frente al crimen.
También se ha agotado el relato antiélite. Durante décadas, la izquierda se presentó como una fuerza de cambio frente a las élites políticas y económicas. Sin embargo, después de años en el poder, muchos partidos progresistas comenzaron a ser vistos como parte del mismo establishment que criticaban. Según Vergara, movimientos que nacieron como alternativas terminaron integrándose al sistema y perdiendo credibilidad como agentes de transformación.
Por último, algunos sectores de la izquierda han enfrentado cuestionamientos por su ambigüedad frente a regímenes autoritarios que se identifican como progresistas. Para muchos votantes moderados, esta inconsistencia debilita su defensa de los principios democráticos. Por ello, hoy más que nunca renace la necesidad de promover una corriente humanista que pueda representar los más altos ideales de nuestros ciudadanos y encarnar una propuesta de cambio y trasformación para el país.
La conclusión de estos autores es clara: América Latina no se ha vuelto necesariamente más conservadora. La mayoría de los ciudadanos sigue apoyando políticas de protección social y reducción de desigualdades. Lo que ha ocurrido es una creciente desilusión con ciertas izquierdas gobernantes. En muchos casos, el voto por la derecha expresa menos una conversión ideológica que una demanda de eficacia, seguridad, honestidad y resultados concretos.
Fernando Arce Alvarado (Parlamentario Andino)
